sábado 30 de enero de 2010
IMPROVISACIÓN # 01 -NUNCA CESA-
miércoles 6 de enero de 2010
PREFACIO
sábado 12 de septiembre de 2009
Dejad a los niños en paz
miércoles 9 de septiembre de 2009
RUBIAS, MORENAS Y PELIRROJAS (3 de 3)
Los jueves siempre son los mejores jueves cuando no llueve y puedes elegir quedarte en casa durmiendo o ir a ver a la mañana desperezarse como en aquel verso que no pude lanzar lo suficientemente lejos el día de los enamorados. Los versos del capitán siempre serán suyos, mis palabras son de saldo, como los lunes… Te veías tan indefensa como la Venus de Milo comprando con monedas de diez céntimos aquel helado en la Plaza Mayor, casi como la niña de rizos rojos que fuiste. Un revolver con balas de la noche hace brillar en las farolas a una pelirroja de tez dulciamarga, casi como del color de la salsa que no me gusta y que siempre pide cuando encargamos comida china. Las pelirrojas son así. ¿Así como? me dices mientras lees por encima de mi hombro… Y sabes que no deberías haber preguntado… La curiosidad mató al gato.
Las pelirrojas.
Las pelirrojas bailan solas como el título de la canción de Bowie que siempre creíste era un nombre muy original para un grupo. Tú, vosotras, ellas, las pelirrojas sois el beso en la cicatriz del cuerpo perfecto, el tequila limón del desprecio y del amor, el cóctel de mujer y Ginger-Ale. No existe pelirroja que no te vaya a hacer odiarte por haberla encontrado y al cabo, acariciarte como a un perrito recién parido. Las pelirrojas siempre dan resaca, chico, como las bebidas blancas, te decía medio en serio medio en broma cuando llamaba a tu puerta los domingos. A las pelirrojas no les gustan los domingos. Los domingos son para las tardes de calefacción central y ellas siempre dejan una ventana abierta a la noche, para que la luna pueda entrar y bailar con ellas cuando la música del carnaval queme hasta los huesos. Por eso los jueves. Las pelirrojas bailan con todos y con ninguno, te aman y te odian, te llenan de rabia y después te hacen el amor. Nunca te dejaran elegir: no saben lo que quieren, pero lo quieren ya.
Una vez conocí a una mujer que se llamaba Gilda y era exactamente como tú ahora, bajo esta luz de invierno. Las pelirrojas siempre tienen dos años menos de lo que dicen y nunca usan tacón ni maquillaje; no necesitan de colores que las vistan. No necesitan secretos. Y las pecas de su espalda guardarán los tuyos si no esperas a que se despierten para besar su nuca. Pero por lo que más quieras, cuando la encuentres con la mirada perdida allá arriba, jamás le preguntes qué te pasa. Odian las preguntas; y a demás siempre se quedan la frase a medias.
lunes 31 de agosto de 2009
RUBIAS, MORENAS Y PELIRROJAS 2 (de 3)
Los domingos siempre son los mejores domingos cuando amanecen a deshora y no tienes por qué levantarte. Viste el final de la película, la viste comenzar, pero ahora no puedes recordar. ¿Que pasó? Una rubia apenas entrecierra sus ojos para mirarte mientras se hace la dormida; tiene el despertar de la primavera, dulce y silencioso, casi no importa que la noche y la almohada se llevaran su maquillaje. La ventana en sus ojos, te dice que ya es por la mañana y no puedes dejar de mirar sus ojos entrecerrados. ¿Te quedarás a desayunar? Y luego dejas de escuchar y te conformas con que ella siga durmiendo mientras haces el café.
Las rubias.
Las rubias son las mujeres más niñas de todas, casi parece que su infancia está recién por acabar pero que no va a terminar nunca. Se miran al espejo a escondidas y parecen más pequeñas cuando las observas en el reflejo. Les gusta contemplarse enteras y se maquillan suave y rosa y les encanta hacerse un ovillo en la cama y mirarte sonreír mientras acaricias sus muslos y les encanta verte sonreír entrecerrando los ojos como pequeñas copias perfectas de ángeles desnudas. Me encantan las rubias, y digo esto a sabiendas de que todo el mundo tiene una gran historia sobre una rubia peligrosa con demasiado escote; pero todo el mundo sabe que la mayoría de esas grandes historias son pequeñas mentiras de videoclub con cajero automático del sábado por la noche. La otra gran parte, aunque se haga sin malicia, son fruto de eso que todos pensamos cuando estamos a solas: cualquier tiempo pasado fue mejor…Y volver, volver, volver… Anda, vete a cantarle a Gardel, que esa ya me la sé: al final la rubia increíble desapareció por la mañana, ya…Creo que era un hada, chico.
En fin, aunque en compañía femenina y bajo luz natural sepamos que no es cierto nada de lo que contamos, a todos nos gusta proyectar sombras gigantes, y para eso no hay remedio.
Las rubias no arañan si no se lo piden, lo de sexo y nada más es cosa de tintes y de mechas, las rubias, las de verdad sólo te harán el amor si tú también se lo haces; y dicen las cosas lentas y sencillas, sin palabras de menos y sin dobles filos, pero no son inocentes de todo, saben perfectamente lo que se hace, lo llevan haciendo por siglos. Por deliciosas melenas rubias se han rendido imperios ¿Qué crees que ellas no sabían? Nunca preguntes a una rubia con cuantos hombres ha estado si no lo quieres saber, y bien mirado, jamás ningún hombre lo ha querido saber, pero ya dije, nos gusta proyectar sombras gigantes. Pero siempre acabamos haciendo sombras chinescas.
Las rubias…Si crees en los milagros, lo mejor es no apostar y sólo pagar de contado.
continuará...
miércoles 26 de agosto de 2009
RUBIAS, MORENAS Y PELIRROJAS 1 (de 3)
Los lunes siempre son los mejores lunes cuando amanece temprano y quizás no tienes por qué levantarte. Viste la noche azular y luego volverse violácea como un sexo de mujer y luego el amanecer y ahora el recuerdo se vuelve de nuevo mujer como en una de esas películas de viajes en el tiempo. Una morena del color de sus ojos te muestra la ventana abierta y el aire frío en sus ojos de la noche, y no puedes dejar de mirar sus ojos, sus ojos, y ahora qué, preguntas. ¿Tienes que irte? ¿Tienes que ir al trabajo? Y luego dejas de hacer preguntas y te conformas con que ella siga allí.
Las morenas.
Las morenas son las mujeres del frío, de la venganza justa y comedida, son las mujeres a los ojos y a la espalda, las que se desnudan sin pudor y te enseñan todas sus armas afiladas nada más comenzar la partida; y nada de uñas de color rosa, nada de palabras, sólo promesas que nunca llegarás a saber si se cumplieron. Las morenas tienen el pasar del invierno, te harán llorar de tristeza y de rabia y te harán daño, te helarán hasta los huesos y te harán odiarlas y echarlas de menos al cabo. Las morenas son siempre chicas malas, y más adelante serán mujeres fatales, pero se ven tan bien con sólo los tacones puestos que jamás les diré que no fumen en la cama o que miren la película. Si hablas demasiado se visten y se van; a veces te piden que las lleves a casa, pero nunca nada por favor, y tampoco lo esperan. Se conforman con el instinto y alguna caricia aunque no sea demasiado sincera. Las morenas siempre andan con alguien más alto que tú y siempre terminan durmiendo contigo, pero nunca nada por favor: te hacen sentir especial durante unos minutos y luego desaparecen, y quizás no las vuelves a ver, y quizás no importa, pero seguro las recuerdas a todas horas cuando escuches su canción, la canción del frío, porque las morenas son las mujeres del frío.
continuará...